Zizinho, la leyenda de Brasil a la que se acercó Vargas en la Copa

Con los dos goles que anotó en el triunfo de la Roja por 4-0 frente a Japón, Eduardo Vargas se convirtió el máximo anotador de Chile en la Copa América. El ariete de Tigres de México sumó 12 tantos, superando a Enrique ‘Cua Cua’ Hormazábal,pero también se puso al acecho de Zizinho, histórica figura de la selección de Brasil,quien junto al argentino Norberto Méndez, lidera la lista de goleadores del certamen.

¿Quién era Zizinho?

En su dilatada carrera, el crack brasileño tuvo un paso por el fútbol chileno en Audax Italiano y llegó al país con una larga historia en sus espaldas. Durante la década del 40 y 50, se transformó en una estrella del fútbol sudamericano con la camiseta del Flamengo y la selección brasileña, y quienes lo vieron jugar lo definían como el jugador más completo antes de Pelé.

Por algo lo llamaron el Mestre, y el propio O Rei lo tuvo como su ídolo. “Zizinho era completo. Tanto jugaba en la mitad de la cancha como en el ataque. Era ofensivo y sabía marcar. Y no tenía miedo de la cara fea de sus rivales”, lo describió en una entrevista.

Nadie le podía quitar la pelota. Nadie pudo. Pero Zizinho también cayó. Su década dorada en la selección, la delantera histórica que formó el 45 con Tesourinha, Heleno, Jair y Adhemir, tuvo un triste final en 1950, cuando Uruguay le ganó 2-1 en el Maracaná y le arrebató el Mundial ante 200 mil personas.

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Ni siquiera el premio al mejor jugador de la Copa del Mundo lo levantó. Tampoco las comparaciones posteriores con Pedernera, Moreno, Di Stéfano, Kubala y Suárez.“El 2000, al conmemorarse 50 años, Zizinho aceptó tras muchos ruegos evocar el tema, pero las lágrimas afloraron y, derrotado, se disculpó entre sollozos, dio media vuelta y se esfumó con la misma velocidad que empleaba para llegar a la portería contraria”, escribió El Mundo en su despedida.

Paso por Audax

Cuando llegó a Audax a comienzos del 61, Zizinho no tenía la misma velocidad, ni el recorrido, pero mantenía la esencia, la alegría de una gambeta, la capacidad para avergonzar a los defensas. “Hay dos cosas que no he perdido: el estado físico y lo que llegué a saber de fútbol. Creo que con las dos puedo defenderme en cualquier parte. Si no fuera así no hubiera venido”, dijo en su presentación.

Con 40 años, entregó sus últimos destellos en las canchas chilenas y luego se despidió para volver en silencio a Río de Janeiro. Jugó 16 partidos en Audax, convirtió tres goles y dejó frases como ésta. “Creo que una de las cosas fundamentales del fútbol es hacer las cosas con tranquilidad. A menudo se confude la rapidez con apuro. Asegurando el pase, dominando bien el balón, usted gana tiempo: lo pierde queriendo hacer todo a 100 kilómetros por hora”.

Así jugaba Zizinho. Así se fue.

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