Roland Pietsch: “Fue una sorpresa que la caída del Muro haya sido de un día para otro”

A 30 años de la caída del muro.

El historiador tenía 18 años cuando se anunció que se aliviaban las restricciones de viaje para los ciudadanos del Este. Si bien tenía familiares allí, se tomó todo con calma.


Roland Pietsch, doctor en Historia, tenía 18 años cuando llegó la noche del 9 de noviembre de 1989. Vivía con sus padres en Berlín Occidental y cursaba el último año del colegio. Pese a que su madre provenía del Este y había alcanzado a cruzar antes de la construcción del Muro en 1961, cuando se dio a conocer la conferencia de prensa del vocero comunista alemán Gunter Schabowski esa noticia la tomó con calma. “Era bastante consciente políticamente. Entonces cuando vi la conferencia, reconocí que había un cambio porque permitían los viajes, pero luego me fui a acostar. Pero a la mañana siguiente, mi hermana llamó y nos contó que todos estaban en el Muro y que estaba abierto. Creo que más allá del anuncio, el hecho que las personas hayan ido al Muro para cruzar, fue lo que lo hizo realidad. Eso fue una sorpresa. Porque no fue un anuncio del estilo: ‘En 1990 podrás postular para un permiso para viajar y luego vemos cómo funciona’, sino que ocurrió durante la noche”, explica en diálogo con La Tercera.

Pietsch recuerda que previo al anuncio había protestas muy masivas en el Este, por lo que “era obvio que algo iba a cambiar”. Además se rumoreaba que el gobierno comunista de la RDA estaba hablando de aliviar las restricciones para viajes. “Creo que es muy extraño: por un lado había presión, había protestas y el gobierno alemán tenía que reaccionar y hacer algo como ofrecer facilidades para viajar. Lo que sí fue una sorpresa es que haya ocurrido tan repentinamente. Creo que los políticos de la Alemania del Este lo hicieron de forma muy casual y no tenían idea de que esto iba a significar que el Muro iba a estar abierto durante la noche, ya que dijeron que podían viajar, pero no pensaron que las personas iban a correr al Muro y pedir que los dejaran pasar. Tampoco había ninguna autoridad clara que dijera ‘no, no puedes cruzar o tienes que postular’. El hecho que ocurriera de un día para otro fue una sorpresa, incluso para las personas que estaban en el poder. Tampoco me di cuenta que en los siguientes meses Alemania del Este desaparecería tan rápidamente y que la unificación ocurriera dentro de un año”, reflexiona.

IMAGEN DE LA CALLE EBERTSTRASSE, CON LA PUERTA DE BRANDEBURGO AL FONDO, EN 1989 Y EN 2019. FOTO: REUTERS

“Día libre”

Cuando Pietsch escuchó la conferencia, no asimiló la información en su totalidad. Tras el llamado de su hermana fue a comprar los diarios y los guardó. “Cuando llegué al colegio alguien tuvo la idea de que fuéramos a la Puerta de Brandeburgo para celebrar la apertura del Muro. Todos encontramos que era una muy buena idea, aunque pocos terminamos yendo. Muchos se fueron a la casa, porque era un día libre. Mi primer recuerdo es que la gente siguió haciendo sus cosas. Muchos no sabían cómo llegar a la Puerta de Brandeburgo. El Muro siempre estuvo ahí. Muchos nunca le pusieron mucha atención. Así que otros estaban preocupados de perder clase antes del examen, eso importaba mucho. En cierta forma, tu vida continuó. Yo fui al Muro, tuve la buena idea de ir a mi casa antes para ir a buscar mi cámara de fotos, pero no quería gastar mucha plata: ya había gastado dinero para cuatro rollos en mis vacaciones, así que solo tenía un rollo de fotos. Por lo que tengo muchas fotos de Italia y España y unas pocas de ese día. Tenía 18 años… También por ese entonces estabas como acostumbrado a que las cosas cambiaran a un ritmo rápido. Tomó mucho tiempo para que me diera cuenta de que lo que estaba viviendo era histórico, aun cuando todos te lo decían y uno pensaba ‘sí, pero el lunes igual tengo que ir a clases, eso es más importante’. Cuando llegamos allá había un ambiente de celebración, un ambiente no nacionalista, no habían banderas, era todo muy apolítico”, dice.

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Fue así que la Puerta de Brandeburgo se transformó en el epicentro de las celebraciones, porque -explica- allí las personas se podían parar sobre el Muro. “La noche antes, hacer eso era impensado, porque tiraban agua para que se bajaran. Cuando llegamos, la gente estaba haciendo una fiesta. Pero el lado este había sido bloqueado, nadie llegó de ese lado. Los guardias fronterizos habían sido restablecidos. Se transformó en el símbolo, pero solo del lado oeste”, dice.

ROLAND PIETSCH ARRIBA DEL MURO DE BERLÍN JUSTO DONDE SE ENCONTRABA LA PUERTA DE BRANDEBURGO.

Roland era de cierta forma afortunado, ya que conocía la realidad tanto del Oeste como del Este: su madre había podido cruzar a Berlín Occidental y aún tenía a sus padres y hermana viviendo en el Este. “Antes de 1961 era posible pasar de un lado a otro, pero había restricciones. La situación siempre cambiaba, incluso cuando se construyó el Muro. Por algún tiempo ella no pudo volver en absoluto y 10 años después ella pudo volver. Nosotros visitábamos a nuestros parientes ahí. Mis abuelos podían viajar a Berlín Occidental porque los jubilados tenían permiso para ir de un lado a otro. Por supuesto, para nosotros era diferente: cuando fui creciendo íbamos cinco veces al año a la Alemania del Este, a la costa, para visitar a mis abuelos, a mi tía, a mis primos. En los 80 esas visitas eran menos frecuentes, por el cambio de dinero. Siempre tenías que cambiar dinero y las monedas de la Alemania del Este no las gastabas, porque no tenían muchas cosas”, cuenta.

“Por supuesto, era un mundo muy diferente, la ropa, los autos, el olor, todo era diferente. Estábamos en el medio de la Guerra Fría, así que al venir del Oeste, todo siempre era mejor ahí. Era un mundo muy dividido. Nosotros éramos los buenos y ellos eran los malos”, concluye.

Fuente: La Tercera.cl

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