La ciclista holandesa Lannemiek van Vleuten, de 38 años, se había alejado del pelotón en la recta final del ciclismo de ruta en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Así, al llegar a la meta, levantó los brazos y estalló en júbilo sintiéndose con la medalla de oro en el bolsillo. Habían sido 147 kilómetros de recorrido envueltos en un asfixiante calor.

Sin embargo, el sueño se desvaneció rápidamente, porque la austriaca Anna Kiesenhofer, de 30 años, ya llevaba algunos segundos en el suelo, jadeando, viviendo sus primeros instantes como primer lugar, regalándole a Austria su primera presea dorada desde 1986.

Yan Vleuten incluso ya había ido hasta donde un auxiliar de su equipo para celebrar el triunfo.

«No es el resultado que esperaba»

Aunque hay otras maneras de enterarse, en esta edición de los Juegos se decidió que las ciclistas no usaran audífonos, por lo que no tienen a nadie que les informe cuál es su posición en la carrera.

«Cuando crucé la meta, pensé que había ganado», dijo Van Vleuten, quien finalmente obtuvo la plata.

Y si bien dijo que «estoy destrozada», también expresó estar «muy orgullosa de la medalla, porque no tenía una medalla olímpica. También es una medalla de plata con brillo, porque hoy me sentí muy bien».

La holandesa venía con un recuerdo amargo de los Juegos de Río 2016, cuando sufrió una dura caída en el momento que lideraba la carrera y se acercaba a una medalla.

«Mi objetivo era estar a mi mejor nivel aquí, y creo que lo conseguí», dijo ahora en Japón. «No es el resultado que esperábamos, pero, personalmente, creo que hice una muy buena carrera».

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