Constituyentes sorprendieron al llegar disfrazados a la Convención


Gendarmería entregó detalles acerca de la vida carcelaria de Johanna Hernández, asesina del profesor Nibaldo Villegas.

La mujer, condenada a 40 años por el homicidio del querido docente de Villa Alemana, está recluida en la custodia Directa de la Cárcel de Mujeres de San Joaquín en Santiago.

Desde la institución detallaron a 24 Horas que se trata de un lugar aislado del resto de la población penal, donde cumplen su sentencia cinco internas más. Todas involucradas en casos mediáticos y macabros.

Por ejemplo, en esta sección están Jeanette Hernández (madre de los hermanos Rojo) y María del Pilar Pérez (La «Quintrala»).

Vinculo afectivo

De acuerdo a los antecedentes proporcionados por Gendarmería, Johanna Hernández creó un vínculo afectivo con otra interna que hizo noticia a nivel nacional y mundial: Natalia Guerra, quien fuera parte de la secta de Colliguay.

De hecho, la mujer era madre del recién nacido que fue asesinado por Ramón Castillo Gaete, más conocido como «Antares de la Luz».

En 2017, Guerra fue condenada a 5 años de presidio menor en su grado máximo por el delito de parricidio. Anteriormente, se mantuvo prófuga por dos años hasta que fue detenida por la PDI.

En mayo de este año, la Corte de Apelaciones de San Miguel le concedió la libertad condicional.

«Fue mi compañera. Fue mi amiga. Compartíamos, almorzábamos, comíamos juntas. Era una buena persona, pero no voy a hablar de Natalia», afirmó Johanna, sorprendida por la consulta.

Patricio Rojas, profesor de criminología de la Universidad de Chile, explicó al citado medio que «el compartir cotidiano las llevan a entablar relaciones interpersonales que, como tales, son subjetivas. Puede tener que ver cierto tipo de vinculaciones que hagan respecto a sus posiciones valorativas respecto a ciertos temas».

Cabe consignar que ambas mujeres fueron condenadas por parricidio.

Macabro sacrificio

La noche del 23 de noviembre de 2012 una escalofriante situación se vivió en el fundo Los Culenes, en la Región de Valparaíso. Un pequeño de sólo cinco días era quemado vivo en medio de un ritual, previo al supuesto fin del mundo anunciado para el 21 de diciembre de ese año.

El lactante era hijo de Natalia Guerra y el líder de la secta, Antares de la Luz, quien había convencido a los demás miembros del grupo que el niño era el «anti Cristo» y que debía ser sacrificado en el fuego.

Tras el homicidio, los jóvenes permanecieron reunidos y drogados, pero cuando el cataclismo del fin de la humanidad no llegó, el grupo se dispersó y Antares huyó a Perú donde permaneció escondido hasta que se suicidó.

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