«La Mirada Incendiada» un país con olor a parafina

Redacción

La Mirada Incendiada acaba de estrenarse, transmitida este fin de semana por la talentosa directora nacional Tatiana Gaviola, cuya carrera se remonta a mediados de la década de 1980 con el documental “Nguillatún” que retrata al pueblo mapuche y “Tiempo para un líder” de la vida de ex- presidente Eduardo Frei Montalva. En 1988, su primera película, “Ángeles”, cuenta la historia de un grupo de estudiantes universitarios que más desaparecieron después del golpe militar porque eran ángeles, ángeles de carne y hueso, dice el cartel publicitario. En 1993, dirigió el largometraje “Mi último hombre”, en el que el reportero se siente atraído por un partidario recién conocido. Sin embargo, en 2009 nos entregó la cinta “Teresa” sobre la vida de un poeta aristocrático que se había escapado de un convento a Buenos Aires con nada menos que Vicente Huidrobro.

Ahora nos presenta su último drama “The Incendiary Look” inspirado en el caso Burned. Era la mañana del 2 de julio de 1986 y el país vivía una nueva jornada de protesta contra la dictadura de Pinochet. Un grupo de personas que preparaba una barricada en la ciudad de Los Nogales, específicamente en la Avenida General Velásquez, fue interceptado por una patrulla militar al mando del teniente Pedro Fernández Dittus, quien detuvo a Carmen Gloria Quintana y al fotógrafo Rodrigo Rojas, y luego subió a ellos … con parafina y prendidos fuego. El teniente encargado del operativo fue Pedro Fernández Dittus, quien solo en 1993 fue condenado por la Corte Suprema a menos de dos años de prisión.

El rodaje comienza con la llegada desde Estados Unidos de Rodrigo Rojas, hijo de un exiliado, a la casa de su tía y dos primos pequeños. Hay dudas y cuestionamientos sobre el regreso a casa de su tía, pero también sobre el entorno del que Rodrigo comienza a rodearse, ya que este no es el mejor momento por lo peligroso e incierto que se volvió Chile en 1986. Pero Rodrigo está decidido. conocer la realidad desde la cámara y registrar inmediatamente el entorno a través de la lente, y luego las protestas de colaboración en la revista Apsi, opositora a la dictadura.

Protagonizada por Juan Carlos Maldonado (32), a quien vimos en la telenovela “Juegos de Poder” en 2019 y en la película “El Príncipe” el año pasado. Ahora en el papel de Rodrigo Rojas (19), parece más relajado, como si estuviera jugando con esta extraordinaria actuación, aunque hay una diferencia de edad en su personaje. Mientras tanto, Catalina Saavedra (La Nana, La mentirita Blanca) es la tía de Rodrigo y, como siempre, luce estos modestos papeles caseros. Mientras que Gonzalo Robles, actor de larga trayectoria (Los 80, El Presidente) interpreta a Mario, el fotógrafo de estudio y vecino que emplea a Rodrigo en la ciudad. María Izquierdo -una de las mejores intérpretes del cine nacional- es una vecina que conoce y conoce todo lo que ocurre en la zona, vinculada al consejo de barrio. A su vez, el papel de Carmen Gloria Quintana se le da a la actriz Constanz Sepúlveda, quien aparece en la parte final de la película, pero a lo largo de la proyección creó una narrativa un tanto poética.

“Rodrigo pone los ojos frente a Chile, Rodrigo frente a los militares, yo no sabía entonces si era por valentía o por inocencia”.

No hay duda de que esta producción nos muestra uno de los hitos más importantes y dramáticos que sucedieron durante la dictadura, con el ambiente de los 80 que percibimos desde el principio y con este detalle de horno de parafina -al menos me llevó a la adolescencia-. y que, sumado a la banda sonora de Santiago del Nuevo Extrema y la canción “Continuar viviendo” de Illapu dedicada a Rodrigo Rojas, dan esa atmósfera esencial e indispensable a la narrativa de época. Gracias a la muy buena fotografía y manejo de la cámara.

Aparte del hecho de que la producción contiene imprecisiones sobre la vida de Rodrigo Rojas, la película carece de drama y contexto histórico. Hay suerte en construir una historia corta sin los matices de Chile que no ha cambiado tanto, y la redada de Carabineros es tan suave como que entregar una notificación no se ajusta a las realidades de la dictadura. Debe entenderse que este hecho provocó una gran influencia nacional y un dolor que indignó el alma chilena ante la comunidad internacional y los organismos de derechos humanos.

En definitiva, es una película dramática que nos hace preguntarnos por qué, después de 35 años, los manifestantes ya no mueren quemados, sino que pierden un ojo. Sin duda, este espectáculo es un recuerdo de quienes dieron su vida por un país más justo y la defensa de los derechos humanos.

Redacción
Editora de cultura de El Federal Online

Santiago de Chile, 13 de abril de 2021
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