Por Ernesto Lejderman: los supuestos herederos de Menem y la realidad de la Argentina

He leído atentamente una crónica publicada en el portal de la Universidad de Chile, en la que el académico Pablo Lacoste sostiene que “los herederos naturales de Menem son los Kirchner”. Soy chileno, pero desde hace más de 47 años resido en Argentina. Nací en Chile y soy hijo de un matrimonio argentino–mexicano que fue asesinado por la barbarie militar luego del golpe de Estado de 1973, mientras que era abandonado con apenas dos años en un convento de religiosas en La Serena. Todo ello en lo que la prensa ha llamado “el caso Cheyre”. Mi familia paterna me rescató y trasladó a Buenos Aires.

Por años he militado en el movimiento de Derechos Humanos en Chile y Argentina. Pienso que es pertinente, entonces, compartir mi opinión sobre los puntos de vista del Doctor en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago (USACh), quien se refirió al supuesto legado que dejó el recientemente fallecido Carlos Menem, asegurando que tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández “y su círculo cercano”, se dedicaron a administrar «un sistema de gestión del Estado caracterizado por la corrupción y la impunidad».

Señaló que Carlos Menem “construyó una máquina formidable de poder que fue la que lo mantuvo en el sillón de Casa Rosada durante diez años”, que en “su mandato presidencial se alineó con el llamado Consenso de Washington y las medidas de corte neoliberal que implicaba”, y que los Kirchner “se convirtieron en sus aliados más cercanos y quienes se erigieron como los continuadores de su obra, en algún sentido (…) e incluso avalaron las privatizaciones”. Además, aseveró que compartieron la “lógica del poder”, que incluía “un sistema de gestión del Estado caracterizado por la corrupción y la impunidad”.

Insistió que esta forma de operar del Estado “va más allá de una persona, en este caso Carlos Menem, y se ha mantenido en el tiempo, y ahora estarían profitando de ella los Kirchner y su círculo de aliados políticos”, razón por la cual estableció que “los herederos naturales de Menem son los Kirchner”, que “mantuvieron elementos como la corrupción, la ostentación y la frivolidad”.

No es todo. Aseguró asimismo que “ni Menem ni los Kirchner se preocuparon de generar un equilibrio fiscal”, y “los dos terminan fundiendo a la Argentina” y “los resultados han sido más o menos los mismos”.

En verdad, no me ha causado una especial sorpresa. Ya conocía la falta de rigurosidad con la que se opina sobre la realidad política contemporánea de la Argentina en determinados círculos chilenos. Recuerdo, por ejemplo, cuando en 2019 tuve la oportunidad de recorrer el norte de Chile y fui sorprendido por su belleza natural y la buena atención de su gente. Venía desde un país en bancarrota, a merced de la desastrosa gestión del Gobierno de derecha que encabezaba Mauricio Macri, en una pesadilla para la población argentina que pensábamos había sido superada luego de que los Gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández dejaran atrás el colapso de inicios del siglo XXI, fruto evidente de las políticas neoliberales de las administraciones previas, incluyendo por cierto el mandato de Menem.

En este recorrido por el norte de Chile, me topé con muchísima gente que, al escuchar mi tonada argentina y porteña, reiteradamente me hacían comentarios acerca de Cristina y la política en la Argentina, como: “Menos mal que ahora está Macri, porque antes Cristina le tenía prohibida la salida a los argentinos al exterior” o “Argentina se liberó de la dictadura comunista y corrupta de Cristina, que los tenía sumidos en la miseria”. Estas y muchas otras aseveraciones me resultaban totalmente increíbles y fuera de toda base de realidad. Me encontraba de vacaciones y realmente no tenía ganas de hablar de política y menos de la coyuntura argentina, pero al escuchar tantas versiones disparatadas no pude más que, casi sin quererlo, responder con la mayor claridad posible. Por ejemplo, tuve que explicar que cualquier persona pudo entrar y salir de la argentina durante los Gobiernos de Néstor y Cristina, que la crisis económico–social la estábamos viviendo entonces con Macri, y que en los períodos presidenciales de Néstor y Cristina se vivió plena democracia: de hecho, Macri se impuso en elecciones democráticas, cuyos resultados fueron reconocidos.

Pienso que el académico Lacoste habla de buena fe, pero también que no ha realizado una investigación acuciosa para hacer aseveraciones como las antes reproducidas.

En primer término, es evidente que Carlos Menem, Néstor Kirchner y Cristina Fernández proceden formalmente de las filas del peronismo. ¿Es suficiente para sugerir que Néstor y Cristina son herederos de Menem, o que sus gobiernos tuvieron la misma orientación? Sin hacer juicios o valoraciones de fondo, pregúntense las y los chilenos si Salvador Allende y Ricardo Lagos, por el solo hecho de ambos pertenecer al Partido Socialista, encabezaron gobiernos de características similares. ¿Podría alguien sostener en Chile que el heredero del gobierno socialista de Allende fue la Administración de Lagos?

Al comparar el gobierno de Néstor Kirchner (2003–2007) y los dos períodos de Cristina Fernández (2007–2015), los tres mandatos kirchneristas, con las dos administraciones de Carlos Menem (1989–1999), se constata que las coincidencias se circunscribieron a que surgieron del Partido Justicialista, del espacio peronista argentino. Pero el “kirchnerismo” y el “menemismo”, lejos de ser consistentes entre sí y de ser los segundos una herencia del primero, en realidad fueron gobiernos antagónicos y profundamente diferentes.

En el aspecto económico, el período de Menem estuvo, en efecto, por erosionar el Estado de Derechos Sociales de la Argentina, una de cuyas expresiones fueron las privatizaciones de, por dar ejemplos, las empresas de servicios de Telefonía (ENTEL) y de energía eléctrica (SEGBA), las Aerolíneas Argentinas, YPF (Petróleo). Lo mismo aconteció con el servicio de trenes, el correo argentino y otras empresas públicas. Sin duda, la acción más cuestionada fue la privatización de los fondos de pensiones, pasando de un sistema históricamente solidario a un modelo privado que se llamaría “Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones” (AFJP): un símil a las AFP que fueron impuestas en Chile y cuyos efectos son tan bien y dramáticamente conocidos por las y los chilenos.

En los Gobiernos de Néstor y Cristina, al contrario, se reestatizaron empresas tales como Aerolíneas Argentinas, la empresa de agua potable e YPF, que volvieron a ser patrimonio de todas las argentinas y argentinos. Lo más significativo: en 2008, el modelo de las AFJP fue eliminado, creándose un único régimen público y social de reparto, el llamado Sistema Integrado Previsional Argentino. A diferencia de la obsesión de Menem por incorporar en forma subordinada la Argentina al mercado mundial, en el “kirchnerismo” se terminó la dependencia del Fondo Monetario Internacional (FMI). En el mismo sentido, mientras en el Gobierno de Menem se optó por una apertura de los mercados, con lo que se abrió la importación indiscriminada como lo reclamaban las grandes potencias comerciales, en el “kirchnerismo” se tomó el camino de la importación discriminada, imponiendo aranceles de importación a los productos que se fabricaban en la argentina: mientras en el gobierno de Menem las pequeñas y medianas empresa se fundían, resurgieron durante el gobierno de Néstor y Cristina.

Una diferencia gigantesca, en términos políticos y éticos: en Derechos Humanos, Menem decretó los indultos a los militares genocidas y se pretendió imponer la impunidad para siempre. Por el contrario, en el “kirchnerismo” se impulsaron los juicios a los genocidas, se acabó con la impunidad, se asumió la memoria histórica como una política de Estado, se construyeron políticas públicas prioritarias en el campo de los derechos humanos y las puertas de la Casa Rosada se abrieron para las expresiones del movimiento argentino de derechos humanos. Para ningún demócrata, lo consignado puede ser considerado algo sin relevancia.

Invito a cualquier investigador o analista a preguntar a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a los Familiares de Desaparecidos por Razones Políticas o a HIJOS, si creen que el período de Menem y los Gobiernos de Néstor y Cristina compartieron una “lógica del poder”, que incluía “un sistema de gestión del Estado caracterizado por la impunidad”.

Habría que agregar que en el mandato de Menem hubo un resurgimiento de la política de la “mano dura” y el “gatillo fácil”. En el tiempo del “kirchnerismo” se trabajó intensamente en capacitar a todas las fuerzas de seguridad para prevenir casos de abuso institucional y se enfrentó además la corrupción policial, que fue muy cuestionada en la era menemista.

En materia de política internacional también fueron gobiernos muy antagónicos. Mientras Menem se alineó con Estados Unidos, los gobiernos de Néstor y Cristina pusieron en el centro los intereses nacionales, que entendían estrechamente vinculados con los intereses latinoamericanos, priorizando la alianza regional con los países que conformaron UNASUR, la principal expresión histórica de convergencia de los países de América del Sur en todos los terrenos, que se pretendió desarmar por los gobiernos de Macri, Piñera y sus socios de las derechas de la región. Si UNASUR hubiera estado en pie para la crisis pandémica, es bien probable que no serían nuestros pueblos los más afectados del mundo, puesto que es bien evidente que se ha tratado de una circunstancia dramática que hubiera sido mejor enfrentada con cooperación regional. Asimismo, en el período de Néstor y Cristina hubo una buena realización con la Comunidad Europea, Rusia y China, procurando equilibrar las relaciones internacionales con el criterio de un mundo multipolar.

Puedo afirmar, sin ningún tipo de dudas, que los gobiernos de Menem y de los Kirchner fueron antagónicos, opuestos en lo ideológico y en lo programático.

Está fuera de discusión que las políticas neoliberales terminaron colapsando la economía y la sociedad argentina a comienzos del siglo XXI. Pareciera menos notorio, aunque resulta más que evidente, que la superación de la crisis estuvo a cargo del período “kirchnerista”. Se dice ahora que los dos terminaron “fundiendo a la Argentina” y “los resultados han sido más o menos los mismos”.

Para responder esa rotunda aseveración, que tantas veces escuché con liviandad en Chile, recurriremos a un muy sustancioso trabajo periodístico publicado por El Mercurio On Line (EMOL), publicado el 9 de diciembre de 2019, y que se titulaba: “CFK vs. Macri: Las cifras económicas del gobierno saliente en Argentina y cómo se comparan con su antecesora”, de acuerdo a datos del FMI.

El PIB tuvo un promedio de 9 por ciento durante el Gobierno de Cristina y en el período de Macri fue –3,1 por ciento.

La inflación fue 25,7 por ciento en el Gobierno de Cristina y en el período de Macri trepó hasta el 41,0 por ciento.

El desempleo fue 8,4 por ciento durante el Gobierno de Cristina y en el período de Macri alcanzó a 10,6 por ciento en el segundo trimestre de 2019.

El tipo de cambio fue 3,05 en el Gobierno de Cristina, a enero de 2007, mientras que en el período de Macri, a octubre de 2017, había alcanzado a 59,99.

El reportaje, por cierto, no menciona otros indicadores, como la reducción de la pobreza y la extrema pobreza en el Gobierno de Cristina, en el marco del fuerte impulso a políticas sociales redistributivas y de protección social, versus la expansión de la pobreza y extrema pobreza en el período de Macri.

¿Y la corrupción? Es necesario señalar, primero, que la corrupción es un mal endémico de todos los países y en especial de los países latinoamericanos, a lo cual no resulta ajena por cierto la Argentina, que ha afectado a gobiernos de diferente orientación política, así en general a todas las instituciones. Ella debe ser enfrentada y combatida.

Ahora bien, pienso que la corrupción no se puede enfrentar con fake news o con guerras de desinformación empujadas por los grandes medios de comunicación, ni tampoco con el “lawfare”, con el uso malicioso de las instituciones judiciales para procurar resultados en el campo político. En última instancia, las principales víctimas son la verdad y, por cierto, los sistemas democráticos.

En Argentina se procurado denostar a Cristina usando esos recursos, instalando una serie de imputaciones de corrupción que no han sido demostradas judicialmente, pero que han logrado instalar como una “verdad” un sinnúmero de acusaciones sin fundamentos. No es muy diferente al caso de Lula Da Silva: fue sacado de la competencia presidencial por el uso combinado del “lawfare” y la desinformación. Ahora se ha derrumbado la acusación, pero ya lograron su propósito de instalar la ultraderecha en el Gobierno de Brasil.

Para enfrentar la corrupción es imprescindible ocupar datos objetivos y demostrables, con sustento verificable en la realidad. Y no caer en el juego de los poderes fácticos que solo pretenden deslegitimar y debilitar los referentes progresistas de Nuestra América.

Por Ernesto Lejderman Avalos.

Buenos Aires, 18 de marzo 2021.

El Federal Online.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *