Tengo la impresión de que llega un momento en la vida en el que es necesario explicar por qué debemos el milagro de nuestra supervivencia. Para aquellos de nosotros que hemos escrito durante muchos años por profesión, afición u obsesión, el libro suele ser el camino obvio. El mío tiene un nombre imperativo: “Dilo antes de que sea demasiado tarde” (Cuarto Propio, 2020). Bueno, he hecho mi propio pedido y hay racconto para los interesados.

Encontré la autobiografía pretenciosa y sentí que en algunos libros y numerosos artículos, la parte más seria ya estaba escrita. Estuve tentado de pensar en un título inolvidable, pero me di cuenta de que ya era inmejorable, el del documental autobiográfico del director y humorista Mel Brooks, “Thought I Was Taller” (Pensé que era más alto).

Luego me concentré en un período específico de mi vida: desde el golpe de Estado en 1973 hasta mi regreso a Chile a principios de la década de 1990, que es uno que incluye mis experiencias como preso político y exiliado.

La primera parte (“Cayendo al abismo”) cuenta cómo sobreviví al golpe de 1973 y mi condición de preso político en el estadio chileno, el estadio nacional y el campo de fútbol Chacabuco. La segunda parte (“Oxford Road con Alameda”) cuenta anécdotas sobre mi larga estancia en Gran Bretaña.

El comienzo es muy autobiográfico, luego mezclo mis recuerdos con elementos de ficción y reflexiones sobre la condición del exilio. Esto incluye un largo y doloroso proceso intelectual que ha consistido en revisar y revisar las crudas creencias adquiridas durante mi ardiente activismo juvenil a la luz del Desastre 73 que he explorado en publicaciones anteriores:

La Jota, Zygmunt Bauman y unos viejos testarudos

https://www.elfederalonline.cl/2020/06/20/por-luis-cifuentes-seves-la-jota-zygmunt-bauman-y-unos-viejos-porfiados/

y Filo con Sofia

https://www.elfederalonline.cl/2020/09/17/por-luis-cifuentes-seves-filo-con-la-sofia/

Un breve ejemplo del contenido de “Cayendo al abismo” muestra el horror de lo vivido: “(Estadio Chile) En la primera noche, dormir fue muy difícil debido a los gritos torturados y los disparos de fusil. Por los sonidos, imaginaba que a los presos se les obligaba a caminar por el estadio por un pasillo interno, atados con los testículos, de tal manera que les producían fuertes dolores al caminar mientras estaban de pie o en cuclillas, mientras que a otros les sacaban las uñas con pinzas. . Al día siguiente hubo que presenciar más acciones represivas (…). En un momento trajeron a un grupo de prisioneros entre los que estaba usted. Le han presentado el metro. Allí se vio a varios trabajadores brutalmente torturados, algunos ahorcados, otros grotescamente atados. Los oficiales mostraron linces, una interesante arma oriental. Y sin darte cuenta te diste cuenta de que estaban manchados de sangre, como el suelo, como las paredes, como uniformes verdes. Los gritos fueron terribles para ti. Regresaste con tus compañeros con una carga considerable de esteras y una carga aún mayor de imágenes irregulares, vómitos e inolvidables que con el tiempo se convirtieron en recuerdos patógenos de por vida. “

El siguiente fragmento, esta vez de “Oxford Road con Alameda”, donde los personajes mencionados son estudiantes chilenos de la Universidad de Manchester, aporta un toque de humor y fantasía sobre el que se ha recuperado la esperanza:

“Un día, cuando llegamos con Pablo, Robert y el Músico a la Unión de Estudiantes, vimos a Rectifilo rodeado de una atenta multitud latina. En el momento en que nos dimos cuenta de que nuestro compañero creyente, que seguramente impresionará a la joven, está inventando una historia complicada en vuelo sobre el viaje que hizo al Medio Oriente para crear una nueva Religión Universal, y fue antes del Muro de la Lamentación que se enfrentaron a los doctores en derecho ya los miembros supervivientes de la Comisión Dewey en defensa de sus tesis teológicas. El venezolano incrédulo le preguntó: “¿En qué idioma te llevaste bien con ellos?” El desafiado lo miró con desprecio y dijo: “¡Por supuesto en arameo!” Finalmente, aburridos por la naturaleza bastante abstracta de la discusión, los espectadores comenzaron a retirarse, con la excepción de dos venezolanos y un ecuatoriano que cuestionaron toda la historia. Entonces Rectifilo, fingiendo estar recogiendo un rayo pesado e invisible del suelo, dijo: “¡Aquí tengo documentos que prueban lo que estoy diciendo!” Ésta era nuestra oportunidad. Nos acercamos y procedimos a recoger y ver los documentos incorpóreos de ambos lados. Los hispanos no sabían si creer lo que veían y nos miraban boquiabiertos. Paul dijo: “Me parece que es una prueba irrefutable”. El resto de nosotros asentimos. Rectifilo sonrió triunfalmente. Los escépticos no sabían qué hacer. ¿Fuimos nosotros o estaban locos? En cualquier caso, al verse en una proporción desproporcionada de tres a cinco, decidieron retirarse, a lo que Rectifilo acabó gritándoles: “¡Hombres de poca fe!”

La imagen de portada muestra las energías del universo transformándose en la palabra hablada y está inspirada en un ideograma de los códigos mayas. Quizás sugiera que la tradición oral, expresada en numerosas conversaciones nocturnas, es parte del aliento que nos inspira y motiva a convertir nuestros problemas personales y colectivos en una poderosa decisión de vivir y cruzar fronteras.

Si este relato de experiencias pasadas se utilizará para meditar sobre el presente y el futuro de mi devastado país depende enteramente del juicio de mis lectores. Lo que me hace reflexionar es la creencia de que el resultado final de los diversos procesos que vivimos depende de la presencia de millones de almas movilizadas, desprovistas de cualquier ideología maestra poderosa o ideología orgánica, alimentadas por una antigua esperanza que sobrevivirá.

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Foto de portada de la Dra. Gricelda Figueroa Irarrázabal.

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Dr. Luis Cifuentes Seves profesor asociado
Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas
Universidad de Chile

Santiago de Chile, 25 de marzo de 2021
El Federal Online

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