El Mercosur es un logro histórico de los países que lo integran, que nos permitió pasar de la lógica de la competencia a la lógica de la cooperación.

La integración regional tiene una larga tradición en América Latina, mencionando el trabajo teórico de Raúl Prebisch desde la década de 1950 en adelante o la fundación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc) en 1960.

Posteriormente, en 1980, se formó la actual Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), ya mediados de esta década se inició el acercamiento entre Argentina y Brasil (Ley de Iguazú de 1985). Posteriormente, a estos dos países se unirán Paraguay y Uruguay para completar el Mercosur en 1991.

El bloque nació en un clima de retorno a la democracia en América Latina, y nuestros países lo vieron desde el principio como una herramienta central de cooperación regional para deshacerse de la dictadura y el dominio de facto.

Nuestros gobiernos entendieron que la eliminación de barreras en nuestra región será importante para mejorar nuestra prosperidad económica y también para eliminar las hipótesis de conflicto que existían anteriormente entre algunos de nuestros países a través de un extenso proceso de construcción de confianza mutua.

Más específicamente, la lógica detrás de las hipótesis de conflicto que existían anteriormente en la región es que la única forma de obtener algo es quitárselo a otra persona.

Esta lógica se ha cambiado para construir intereses comunes basados ​​en necesidades comunes.

Era la creencia de que las relaciones entre países eran un juego de suma cero. Ante esta mentalidad, nuestros gobiernos democráticos propusieron un modelo de beneficio mutuo donde el comercio generaba ganancias para todos los países a través de la expansión del mercado y las economías de escala y especialización, haciendo más competitivos nuestros sistemas productivos y productivos, en beneficio de todas las partes.

Se entendió que se podía hacer lo mismo en materia política, social, cultural y educativa. Es un modelo de cooperación versus otro conflicto.

La cooperación dentro del Mercosur abarcó muchas áreas: cultura, educación, ciencia y tecnología, confianza en la defensa y el desarrollo de la energía nuclear (aspecto fundamental en la década de 1980), construcción de ciudadanía común, coordinación de políticas sociales y económicas, etc.

Las áreas de trabajo conjunto en el bloque son múltiples y variadas, y cambian cuando se requiere cambiar en el contexto internacional y en nuestros países.

A partir de 1991 creamos un área de libre comercio para que nuestros bienes y servicios pudieran circular sin restricciones, así como un arancel externo común que nos permite administrar los intercambios con el resto del mundo, lo que permitió el desarrollo dinámico de nuestra mutua. comercio.

También logramos promover el intercambio de productos de valor agregado entre nuestros socios, lo que nos permitió intensificar las actividades de exportación no tradicionales y generar empleos de alta calidad (incluyendo biocombustibles, químicos y petroquímicos, plásticos, farmacéuticos, siderurgia, automotriz). .

De hecho, si bien los países del Mercosur son tradicionalmente fuertes exportadores de commodities, muchos de los bienes exportados entre los socios del bloque son productos industrializados, destacando el comercio automotriz (casi el 50% del comercio entre Argentina y Brasil).

Al mismo tiempo, estamos trabajando en la armonización de los reglamentos técnicos para garantizar la seguridad de la producción y los consumidores sin obstruir innecesariamente el comercio.

En materia de salud pública, la coordinación entre nuestros países siempre ha sido importante y mucho menos durante la actual pandemia de COVID-19. Nuestros ciudadanos también pueden establecerse en otro país del bloque y trabajar libremente, lo que no es común en otras partes del mundo.

En 2004, establecimos el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur, a través del cual hemos invertido más de USD 1000 millones en préstamos no reembolsables, incl. para proyectos de infraestructura y desarrollo productivo, lo que nos permitió incrementar la competitividad de nuestras economías y mejorar nuestras condiciones de vida, especialmente en las regiones más atrasadas de nuestros países.

Por otro lado, el Mercosur buscó desde temprana edad suscribir acuerdos comerciales con todos los países de la región, lo que hoy le permitió construir una zona de libre comercio con la mayoría de los países latinoamericanos.

En particular, el acuerdo firmado por el MERCOSUR con la República de Cuba en 2006 marcó un hito en el camino hacia el fortalecimiento y profundización del proceso de integración entre nuestros países.

También hemos negociado acuerdos comerciales con la Unión Europea, EFTA, Israel, Egipto, India y los países de Sudáfrica. El Mercosur no es un bloque cerrado al comercio exterior, sino una plataforma que permite a nuestros países proyectarse al resto del mundo.

Como siempre, no se pudieron cumplir todas las expectativas con respecto a la creación del bloque generado.

En este sentido, si bien el comercio industrial y de alto valor agregado es importante entre los socios, queda mucho por hacer en términos de una política industrial activa.

La expectativa inicial de que el propio mercado ampliado estimularía el comercio en nuestras industrias no era correcta. Ante esta realidad, el bloque tuvo dificultades para desarrollar una política común para el desarrollo de ventajas competitivas que sirviera para distribuir equitativamente las ventajas de la integración regional entre los socios.

Creemos que la integración consiste en buscar acuerdos que respeten la diversidad de nuestros países. Incluso si pensamos de manera diferente sobre ciertos temas, en última instancia, prevalece la voluntad de integración, nuestra agenda común.

Nuestros países promueven el regionalismo solidario en materia política, económica y social porque sabemos que afrontar juntos las dificultades nos hace más fuertes.

El Mercosur ha sido para nuestros países el instrumento de política exterior más importante de los últimos treinta años.

En definitiva, es una política de Estado que se ha preservado más allá del cambio de gobierno En estos treinta años hemos hecho muchas coincidencias: un compromiso con la democracia como condición básica para la vida de nuestros pueblos; el respeto a los derechos humanos como valor fundamental e inalienable de la convivencia; reconociendo nuestra diversidad; coordinando nuestras políticas de crecimiento para integrar nuestras estructuras productivas.

Es un trabajo que tenemos que hacer todos los días para que durante treinta años podamos mirar atrás como lo hacemos ahora y sentirnos orgullosos de lo que hemos construido.

El mundo está experimentando una reconfiguración de la estructura de poder mundial, junto con la crisis de las instituciones internacionales que nos han gobernado durante los últimos setenta años.

Ante los desafíos e incertidumbres que presenta este escenario, no tenemos ninguna duda de que la integración de nuestros países seguirá siendo la mejor vía para acelerar nuestro desarrollo, preservar nuestra soberanía y promover el bienestar de nuestros pueblos. Todo poder es débil a menos que permanezca unido.

* Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina

(Tomado de la pelota)

Buenos Aires, 27 de marzo de 2021
El Federal Online

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